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Pagar por aparcar en la calle
Estos días se está produciendo en Barcelona un debate que había permanecido aletargado durante mucho tiempo: ¿puede el Gobierno cobrar a los ciudadanos por aparcar en la calle?
El Ayuntamiento de Barcelona ha copiado la idea de las zonas verdes al ayuntamiento de Madrid: 2′75€ la hora por aparcar en la calle, y máximo dos horas. Una burrada para el que tenga que coger el coche cada día para ir a trabajar. Sale muchísimo más a cuenta pagar el abono mensual de un parking, algo de lo que también van escasos los ciudadanos de Barcelona. Menudo problema. No obstante, los residentes sólo tendrán que pagar 1 € al mes por aparcar. En la calle.
Las opiniones de los vecinos están enfrentadas: los hay partidarios y detractores de la medida. Entre los que van a trabajar en coche a la ciudad condal, no obstante, la opinión es unánime (no podía ser de otro modo): a todos les parece una medida desproporcionada, y por supuesto, carísima. Yo también voy a trabajar a Barcelona, pero la diferencia es que yo voy en moto. Y como cada cual cuenta la fiesta como le ha ido, pues a míla idea me parece bien: si me han quitado de la circulación un tercio de los coches con esta medida disuasoria, significa que en lugar de tardar tres cuartos de hora en llegar al trabajo, tardo sólo media, y sigo aparcando en la acera (mientras pueda, tiempo al tiempo), en la misma puerda del trabajo.
Para lo residentes, yo le encuentro muchas ventajas: se supone que se trata de una medida encaminada a disuadira los ciudadanos de fuera de Barcelona de coger el coche para ir a trabajar, por lo que los vecinos tendrán muchas más plazas de aparcamiento libres. Y no hay que olvidar que la medida procede del ayuntamiento (no de la Generalitat), que debe velar por los vecinos de Barcelona. Al fin y al cabo, los que vienen a trabajar a Barcelona, en las municipales votan en sus respectibos pueblos, y al alcalde Clos no le afecta. En todo caso, a quien deben protestar los afectados por la medida de las zonas verdes es a sus propios alcaldes, y pedirles a ellos, y no a Clos, que mejoren el transporte público de sus ciudades y la conexión con el centro, de tal manera que no se vean obligados a coger el coche cada día para ir a trabajar.
En el otro lado de la balanza, algunos contras:
1. En la práctica, esta medida favorece a las rentasmás altas, pues siempre habrá a quien no le importe pagar la zona verde.Vamos, que perjudica a los que menos tienen, por ser de fuera, y éso no es muy socialista, que digamos.
2. Los comerciantes de barrio han protestado por la medida. Quizá requeriría un estudio serio de los hábitos de compra de los barceloneses para emitir una opinión, pues yo suelo hacer la compra semanal en grandes superficies, y al súper de barrio o a la pelu, por ejemplo, voy andando, así que no acabo de ver por dónde va la queja, pero supongo que lo dirán por algo, y que los que han protestado serán los que no dispongan de parking subterráneo para clientes, claro.
3. Barcelona es una ciudad muy grande, y ésto de las zonas verdes no se ha dividido entre barceloneses y “extrangeros”, sino que el derecho a aparcar por un euro al día va por barrios, y cuando uno sale del barrio, dentro de la misma ciudad, es a todos los efectos un no-residente. La idea es priorizar que la gente pueda aparcar cerca de casa y no se pase horas buscando aparcamiento, pero las asociaciones de vecinos han protestado por ésta división en distritos (entre otras cosas). Admito que es un poco chocante, pero creo que tiene su lógica si se piensa que, salvo zonas muy extremas, no hace falta coche para moverse dentro de Barcelona: cada tres calles hay una boca de metro, una red de autobuses bastante completa (aunque algo liosa y con una frecuencia de paso bastante mejorable), ferrocarriles, trenes y travías.
Ya digo que, salvo zonas muy concretas o situaciones muy extremas, el que coge el coche para moverse de un distrito a otro dentro de Barcelona es porque quiere. Claro que yo hablo desde la perspectiva de quien vive en un pueblo sin metro, con sólo dos líneas de autobús diferentes que conectan con las ciudades de los alrededores, y si os contara las peculiaridades del transporte público de mi pueblo, pensaríaris que hablo de algún lugar del tercer mundo. Otro día os doy detalles. Sólo os lo cuento para que entendáis que, paramí, el transporte público de Barcelona es una maravilla. Habrá quien no piense lo mismo,evidentemente, si para llegar a su trabajo tiene que hacer 2 transbordos o caminar 10 minutos.
4. Si pagamos impuestos de circulación (por usar las carreteras) y pagamos impuesto de transporte, ¿no es algo reiterativo que nos hagan pagar también por aparcar en la calle? Es como el canon de las líneas ADSL y el de los CD’s, que al final resulta que pagas el mismo canon dos veces por el mismo producto. Pues algo así pasa con ésto.
5. A un nivel más genérico: si nos hacen pagar por aparcar en la calle (se supone que la intención es regular el tráfico, pero a éstas cosas los políticos le cogen el gustillo rápido si ven que la gente no responde con contundencia), ¿quien nos garantiza que más adelante no nos harán pagar por utilizar el espacio público con cualquier excusa? Hay que ir con mucho cuidado con estas apropiaciones, pues se empieza por un “la calle es de todos“, y se acaba como Fraga, con un “la calle es mía“.








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