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Racismo en Villaverde
El 2 de marzo murió un chico madrileño acuchillado (presuntamente) por otro dominicano tras una pelea por el uso de una fuente pública.
El entierro fue el miércoles pasado. Al terminar el entierro, los vecinos del pueblo fueron en procesión silenciosa hasta el banco donde el chico murió, con la intención de dejar unas flores. Mientras tanto, un grupo de unos 300 chicos, muchos de ellos menores de edad, se reunieron con la intención de “vengar” la muerte de su compañero.
Podría parecer el guión de una película americana de bajo presupuesto, pero es real, ha sucedido en Madrid la semana pasada. Si al chico lo hubiera matado un compatriota español, el pueblo entero se hubiera concentrado delante del ayuntamiento para pedir justicia; pero como el culpable es un inmigrante, se creen con derecho a tomarse la justicia por su mano. Algo habrá que los ha hecho reaccionar así.
300 jóvenes reunidos, dispuestos a “rebentar negros”. La estampa debió ser terrorífica. Pero justificarlo con el tópico del racismo es bajar a los infiernos en caída libre. No estamos hablando de skins o nazis, violentos per se. Estamos hablando de unos chavales que no reaccionarían con violencia si no se vieran atacados y en la obligación de defenderse. Las autoridades harían bien en preguntarse el porqué de ésa diferencia de percepción: cuando el agresor es español, confían en que la justicia actúe, por frustrante que sea; pero cuandoes un inmigrante, desconfían de la justicia. ¿Por qué?
Hoy se reúne el consejo de seguridad de Madrid para tratar de solucionar el problema. Creo que se equivocan si tratan los sucesos de Villaverde como un caso aislado: ocurrió en El Ejido, ocurrió en Jaen, ha ocurrido en Villaverde y volverá a ocurrir en cualquier sitio en cuanto se den las circunstancias desencadenantes. Los ánimos están muy caldeados en todas partes: se habla de respeto, de comprensión al diferente, de integración, y se le exige a la población autóctona paciencia, comprensión y tolerancia. Pero la gente no se siente respetada por la actitud de determinados grupos de inmigrantes. No creo que todo se reduzca a un problema estético, a que a la gente no le guste ver grupos de “moros” o “sudacas” por las calles. Lo que tenemos es un problema de convivencia y respeto, más que de tolerancia.
Creo que los estudios sobre racismo tradicionales adolecen de una gran falta: tratan las respuestas a ciertas preguntas de los españoles ante el racismo (partiendo de la base de que las respuestas sean más o menos sinceras), pero no suelen hacer lo que se conoce como trabajo de campo con la técnica de la observación directa. Hacen trabajo de oficina, pero alejados de la vida real. En consecuecia, lo que se obtiene de esas estadísticas no tiene mucho fundamento, aparte de evaluar sólo una de las partes del problema: el lado español. Sobre la actitud de la población inmigrada no hay datos, al menos que yo sepa. Y sobre la actitud de las autoridades con respecto a los problemas de convivencia, o al menos la percepción que de ellos tienen los ciudadanos, tampoco trascienden datos.
¿Quizá no interesa demasiado que se sepa que la mayoría pensamos que nuestro sistema judicial es lento y torpe, y que hay una especie de sensación de impunidad, o al menos de que no se hace lo suficiente?
Me gustaría tener acceso a algún trabajo de campo al respecto, basado en el método de la observación directa y no en la encuestra tradicional, y en el que se evalúan las actitudes de las dos partes implicadas: inmigrantes y autóctonos. Me gustaría que, antes de hablar de integración, de racismo, solidaridad y respeto al diferente, se pasaran unos cuantos meses en pueblos con fuerte presencia de inmigrantes y estudiaran la situación. Me gustaría que, antes de hablar de racismo o xenofobia, hicieran un estudio sobre la socialización de la población inmigrante, sy tendencia a agruparse en ghettos impenetrables y su actitud como grupo; y la reacción de la población autóctona ante esta situación. Probablemente, los resultados serían reveladores, y no les hablarían de racismo, sino todo lo contrario: los niveles de tolerancia de los vecinos de pueblos con fuerte presencia de inmigrantes están llegando a su límite. La gente ya no aguanta más, y la rabia contenida, antes o después, se acaba desbordando. Y es problable que el estudio que les propongo revelara también que no se trata de un problema de delincuencia (que también) o de inseguridad ciudadana (que también): el mayor problema es la difícil convivencia.
La gente percibe fácilmente que determinados grupos de inmigrantes se han hecho los amos del lugar, se han hecho con espacios públicos que antes eran de todos y los han convertido en su coto privado. La última, en Villaverde, ha sido por el uso de una fuente pública. Seguro que no les cuesta imaginarse la escena. Personalmente, lo he visto tantas veces que ni siquiera necesito imaginármelo. La reacción general suele ser la de darse la vuelta con el rabo entre las piernas. Pero la pasividad de las autoridades lleva a los ciudadanos a actuar por su cuenta. Y cuando nos rebelamos, nos matan a cuchilladas. ¿Qué actitud debemos tomar?
El problema no es el racismo, porque la rabia de la población no va dirigida a una raza o una nacionalidad en concreto, sino a determinadas actitudes que se asocian con éstas. Tampoco es un problema de delincuencia o de seguridad ciudadana, pues ni mucho menos todos vienen con la intención de robar (aunque haya determinados sectores empeñados en hacernos creer que sí, ellos sabrán porqué…
. El problema es de convivencia y respeto: es difícil convivir con quien no te respeta. Pero achacarlo al racismo o a la xenofobia (que existe, pero ni muco menos en la proporción que ellos creen) es lo políticamente correcto. Toda la culpa es nuestra, de los españoles, porque somos irracionales y racistas.
Un estudio profundo de lo que está ocurriendo en España, más allá de la superficial encuesta a una sola de las partes, quizá les daría las pistas adecuadas para atajar el problema. La pregunta es si les interesa atajarlo, o están esperando a que la situación explote y poner en marcha entonces una situación represiva nunca vista hasta ahora en tiempos de paz y en democracia. Ya veremos cómo acaba ésto.








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