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La ultraderecha española
Leyendo los diarios de las últimas semanas, una llega a la conclusión de que vive en un país que no es el mío.
Si echamos la vista atrás, y repasamos la hemeroteca de un par de meses hasta hoy, podremos ver: agresiones a militantes y líderes de izquierda, manifestaciones contra la retirada de la estatua ecuestre de Franco, alzamientos racistas como el de Villaverde con notable participación neonazi y la pancarta al día siguiente en el Estadio Santiago Bernabeu clamando venganza; descubriremos informes de ONG’s e instituciones europeas que alertan sobre el incremento del racismo en España, a algunos sectores ultras del PP clamando por la connivencia del Gobierno con los terroristas y la desintegración de España que se avecina, agrios debates en blogs y foros sobre los libros de Pío Moa (que no voy a comentar porque no he leído nada de este autor); podremos leer las justificaciones de ciertos personajes acerca de las agresiones al contrario político, tan burdas como un “es que van provocando”y similares; nos enteraremos de que grupos de ultras esperaron a las puertas del Congreso de los Diputados a familiares de víctimas del terrorismo para insultarles, a ellas y a sus muertos, por decir lo que éste grupo de ultras no quieren que digan; leeremos por todas partes a gente clamando por poner la moral individual por encima de la legalidad vigente y el respeto al que no piensa igual, con grente que cree que sus derechos están por encima de los derechos de los demás y que sólo la suya es la “recta razón”…
Tras digerir todo éste cúmulo de información, una pensaría que en España la extrema derecha está en alza y sería capaz de barrer en las próximas elecciones si hiciéramos una encuesta de intención de voto. Nada más lejos de la realidad.
Para empezar, las encuestas sólo reflejan el bipartidismo efecto en que nos movemos: los únicos partidos con posiblidad real de gobernar son uno de centro-izquierda o uno de centro-derecha (a pesar de sus portavoces), que no reflejan la diversidad ideológica española, pero sí su pragmatismo: cuando los españoles vamos a votar, somos sobre todo prácticos, aunque en ocasiones echemos la papeleta en la urna con una pinza en la nariz. Y luego hay oda una miríada de partidos minoritarios, con un carácter más ideológico que práctico, que no aspiran a gobernar pero sí a influir en la política del Gobierno, en la medida que la aritmética parlamentaria lo permita.
Después nos daríamos cuenta de otra cosa, a poco que fuéramos un poco observadores: no hay ningún partido de ultraderecha que aglutine la sensibilidad de ése grupo de personas, más o menos amplio, que no gobierna ni aspira a ello, pero genera grandes titulares. Cuando lo del intento de agresión a Carrillo, me planteé una serie de cuestiones, entre ellas que no existe un grupo de ultraderecha a semejanza de la francesa por ejemplo, sino muchísimos partidos de ultraderecha sin representación parlamentaria dada la dispersión del voto. Ni siquiera entre los partidos de izquierdas hay tanta variedad de opciones. También planteé la cuestión de pasar a la Falange por el filtro de la ley de partidos, teniendo en cuenta que no condenan la violencia. Pero lo más importante es si deberíamos realmente permitir que un partido de ultraderecha se presentara a las elecciones aglutinando a todos los partidos de ése ala que existen actualmente (cómo se lo montaran para confeccionar las listas electorales, es algo en lo que no me meto).
¿Debemos permitir que un partido de extrema derecha se presente a las elecciones, o debemos hacer todo lo posible por impedirlo?
Precisamente ahora, que estamos celebrando el 60 aniversario de la caída del nazismo, no está de más recordarse que el Partido Nacional Socialista de los Trabajadores Alemanes llegó al poder, no mediante un golpe de Estado, sino tras unas elecciones democráticas. ¿Podemos arriesgarnos a que ocurra algo así de nuevo? Es una cuestión de difícil respuesta, pero expondré mi opinión, que ni mucho menos tiene la intención de sentar cátedra:
Yo creo que sí, que no deberíamos interponernos en la creación de un partido de ultraderecha lo suficientemente fuerte como para recoger los votos dispersos de todos los demás. Es más, creo que incluso sería beneficioso para la democracia española que la extrema derecha tuviera representación parlamentaria. ¡Ojo! He dicho representación parlamentaria, no que gobernara (¡Dios nos libre de ello!). Creo que la mayor parte de las manifestaciones, concentraciones y titulares de prensa que generan tienen su origen en no tener representación en el parlamento, donde puedan expresar sus ideas y que se tengan oídas como un sector más de la ciudadanía. Hay partidos democristianos con representación en las Cortes, a través de los que los grupos católicos deberían hacerse oír (digo deberían si utilizaran los cauces políticos destinados para ello, en lugar de la rebelión civil, que éso daría también para otro post); los comunistas tienen también sus representantes en las Cortes; y los nacionalistas también; incluso los liberales podrían verse representados por el PP si éstos se decidieran a poner en práctica su programa liberal en lugar de apedrear con su programa conservador (son vasos comunicantes: si invierten fuerzas en uno, el otro se vacía de energía). Pero la extrema derecha no tiene su representación en el Parlamento, por más que Zaplana y Acebes intenten llenar ése hueco (cansa, pero no cuela).
Creo que si un partido de extrema derecha tuviera representación en el Parlamento, tendría capacidad para proponer en el Congreso una proposición no de ley para que el Congreso condene los asesinatos de Paracuellos, a ver si así se quedaban más tranquilos. Por poner un ejemplo. Y no irían por ahí rebentando presentaciones de libros y queriendo pegar a la gente.
Creo, como ya dije en un comentario anterior, que en Democracia la única voluntad que hay que tener en cuenta es la voluntad ciudadana. Partimos de la base de que el pueblo es soberano y suficientemente capaz de elegir a sus dirigentes. No soy partidaria de artificios legales para recortar o matizar la voluntad ciudadana. Un hombre (y una mujer, por supuesto…
= un voto. Y en el Parlamento representación porcentual de los votos obtenidos en todo el terrotorio. Así de sencillo.
El problema vendría si ése imaginario partido de extrema derecha adquiriera excesiva relevancia, cosa que me temo que sucedería en cuanto la gente dejara de percibirlos como una pandilla de fachas salvajes sin cerebro. El problema es que éstos partidos usa un lenguaje populista y demagógico que conecta enseguida con el electorado de a pie (¿les suena de algo?). El problema es repetir la historia. Y éso me da miedo, mucho miedo
P.D: Estoy teniendo algunos problemas para publicar hoy. Acabo de recoger el ordenador de sobremesa que me cascó hace un par de semanas. Todavía no me he bajado la última versión del Internet Explorer y se ve que el blogger no va muy fino con una versión tan antigua: tengo que editar los posts “a pelo” sobre código Html, y a éstas horas de la noche, sinceramente, no me apetece… Quizá mañana, con algo más de tiempo, le de otro aspecto a éste post, con sus negritas y sus párrafos destacados, pero por hoy así se va a quedar. ¡Sed comprensivos!








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