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May
21

Requisitos para montar una banda terrorista

Estos días estamos asistiendo a un profundo debate sobre el terrorismo, su origen y la forma más adecuada de acabar con él, a raíz del “cambio de rumbo” del Gobierno en la lucha antiterrorista.

Vaya por delante que no creo que haya tal “cambio de rumbo” en la política del Gobierno en ésta materia, puesto que todos los Gobiernos sin excepción, desde la transición, han intentado, de una forma o de otra, negociar con ETA el abandono de las armas, algo que hasta ahora, desgraciadamente, ninguno ha conseguido. El cambio consiste en que el Gobierno ha escenificado algo parecido a una petición de mano: ha solicitado permiso al Parlamento para hacer algo que (ya no me cabe duda) seguro que llevan tiemo haciendo ya. Pero que hagan como que pidan permiso al Congreso de los Diputados para hacer algo para lo que no lo necesitan (la política antiterrorista corresponde al Gobierno) constituye, en sí, toda una novedad.

El que esta vez la voluntad de negociación se haya hecho pública y se someta a debate está generando no pocas discusiones en las tertulias, en los foros, y por supuesto en los blogs. Entre los que se oponen a la negociación con la banda terrorista, un argumento que me llama poderosamente la atención: dicen que negociar con la banda terrorista genera una especie de “efecto llamada“, o lo que es lo mismo, que da pie a que puedan crearse numerosos grupos terroristas con las más dispersas reivindicaciones, pues parece ser que matar es fácil, sale barato, y si además puede contribuir a lograr los objetivos propuestos, miel sobre hojuelas. En palabras grandilocuentes, certifican la muerte de los partidos políticos, y con ellos la democracia, si el Gobierno cede a negociar con terroristas y ofrecer ciertos beneficios a cambio del cese definitivo de la violencia. No estoy de acuerdo.

No estoy de acuerdo con que negociar a cambio del cese de los atentados vaya a provocar ése “efecto llamada” que vaticinan: en primer lugar, porque como decía, todos los Gobiernos de la reciente etapa democrática han intentado pactar con ETA el precio de la paz, y ésa proliferación de grupos terroristas no se ha producido, sino todo lo contrario: La Triple A, el Batallón Vasco Español, e incluso el GRAPO son grupos paramilitares que operaron durante la transición y los primeros años de democracia y hoy son ya historia. En algunos casos, como el de Terra Lliure por ejemplo, se llegó a un final pactado. La historia demuestra que ésos gritos de alarma son falsos. Aunque un análisis más detallado de la historia, el apoyo social y las fuentes de financiación de éstos grupos armados, entre otras variables, quizá nos dé más pistas sobre las causas de su desintegración.

No obstante, los adalides del “efecto llamada” creen que las bandas terroristas pueden reproducirse como setas, y obvian que organizar una de asesinos y violentos de la nada, resistir durante casi 40 años el acoso policial y seguir teniendo cantera para los distintos relevos generacionales que se han producido ya (como quedó patente en los atentados del verano pasado en Valencia: aprendices de eterras que casi no habían cambiado aún los dientes de leche) y se seguirán produciendo si nadie lo remedia no es nada fácil. Ahí van una serie de requisitos que hacen que montar una organización terrorista sea una ardua tarea:

  • Hace falta un ideario capaz de aglutinar a las masas alrededor, aunque no es necesario que todos estén dispuestos matar, morir o perder la libertad por ése ideario: basta con que lo estén unos cuantos y los demás los ensalcen como héroes y mártires para que otros se decidan a dar el salto y emularles.
  • Hace falta apoyo social, para que la “colaboración ciudadana” con la Policía se desvanezca. Si la mayor parte del pueblo está unido en torno a un ideario común, y los que no comulgan con él saben como las gastan los vecinos e incluso las autoridades, ya se cuidarán mucho no ya de delatar al fugado y escondido sino siquiera de ir contra-corriente o expresar sus ideas en público. Lo más habitual es que acaben emigrando.
  • Violencia callejera y terrorismo “de baja intensidad”: no basta con que los que no compartan ése ideario sepan cómo las gastan sus convecinos: hay que demostrárselo a menudo para que no se les olvide y pierdan el miedo. Los más gamberros y descerebrados del pueblo pueden servir: ya tenemos la materia prima, de ahí a que se conviertan en unos salvajes sólo hace falta el tiempo suficiente y unos “héroes” adecuados como referente.
  • Unos ideólogos cualificados: la gente es, sobre todo, práctica, va a lo suyo, y su prioridad es llegar a final de mes. Hacen falta ideólogos que azucen el fuego para que no se apague con el paso del tiempo y la falta de logros a corto plazo. El ideario debe ser resistente al paso del tiempo y los avatares políticos; y los ideólogos, lo suficientemente incombustibles como para mantener enganchados a su carro a un grupo de incondicionales lo bastante numeroso como para sostener el movimiento: ambos se retroalimentan. Por supuesto, los escrúpulos morales deben ser el primer elemento a descartar de todos los discursos. Y además tienen que ser convincentes. Cientos de vidas a cambio de un ideal político, lo más parecido a una guerra civil… Sí, debe ser MUY convincentes.
  • Como ése adoctrinamiento ideológico no se consigue de un día para otro, es necesario tener cierto poder en las instituciones, poder meter el caño en guarderías y colegios, con la intención de adoctrinar los infantes, si es posible, desde la misma cuna. No sea que los padres se relajen.
  • Dinero e infraestructura: el terrorista no vive del aire, y las armas son caras: matar no es un trabajo a tiempo parcial, especialmente si las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado se han quedado con tu cara y tienes que huir. Y más encima si todos los informativos del país enseñan por la tele tu nombre y la foto de tu carnet de identidad. Hace falta dinero para subsistir sin trabajar y una estructura que permita la huida y la supervivencia por un periodo previsiblemente largo de tiempo. Una red de pisos francos es algo imprescindible para llevar a cabo cualquier atentado y salir por piernas. Y los policías (nacionales o autonómicos) corruptos y comprados también resultan muy útiles. Pero para comprar a un policía lo primero que hay que tener es dinero; y para comprar a muchos, hay que tener mucho dinero.
  • Conocimientos técnicos: de todo, ésto es probablemente lo más fácil de adquirir: hacerle el puente a un coche, montar una bomba o disparar con puntería son habilidades que deben figurar en el curriculum de cualquier aspirante a terrorista que se precie.

En definitiva: que lo fácil hoy en día es matar a una persona individual (especialmente si es una mujer y quien se la lleva por delante es su ex), o incluso integrarse en ETA, que además deben estar deseosos de aumentar la cantera de militantes jóvenes dispuestos a protagonizar el nuevo relevo generacional.

Hasta que los dirigentes no se comprometan a dejar las armas, los militantes de base no lo harán. Y la cúpula debe hacerlo en bloque, sin escisiones, ya que de lo contrario seguríamos en las mismas.

Afortunadamente, no es fácil montar una banda terrorista partiendo de cero.

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