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Vaya viajecito que nos han dado
Ha terminado ¡por fin! el viaje a Oriento Medio que más ha dado que hablar de los últimos años:me refiero, por supuesto, al tour que se han marcado Maragall y Carod Rovira por Israel y Palestina, en el que nos han deleitado con un rosario de payasadas cada día que pasaba, pero que la Generalitat, en un triple salto mortal sobre la opinión pública, considera todo un éxito. Ser un político de altos vuelos tiene éstas cosas. Como muestra, un botón: Josep Bargalló, conseller en cap de la Generalitat, de momento (atención a un “de momento muy significativo), el uso de la bandera catalana en los actos de la Generalitat se rige por el “’seny’ y la discreción”. Ni más ni menos que lo que ha sucedido en último viaje: seny y discreción a raudales. Tanta discreción han gastado que todo el mundo habla de la movida de la bandera y ni te cuento sobre la dichosa corona de espinas. Lo que nos queda de sufrir…
Si es que parece mentira que a éstas alturas no se les pueda dejar salir solos: ya son mayorcitos para ir haciendo el tonto, rodeados de cámaras, en una zona en conflicto permanente desde hace más de 50 años. Un poco de seriedad, hombre, por favor. O, si no son capaces de éso, al menos de respeto por los que les pagamos el sueldo.
Aún no tengo demasiado claro cual era el objetivo de la visita. Menos aún qué pintaba Carod Rovira en todo ésto. Éste señor, parece que hay que recordarlo a menudo, no ocupa cargo institucional alguno, no tiene ningún cargo público, ya no es Conseller en Cap. ¿Qué pintaba en éste viaje? Aparte de dar la nota, se entiende.
Primero, la liaron con el tema de las banderas, al negarse el señor Carod a participar en el homenaje a Yzac Rabin porque junto a la bandera española y la israelí, faltaba la bandera catalana. Según sus propias declaraciones, “porque no ondeaba la bandera de su país y entendía que si no estaba, él no pintaba nada allí“. Mira, en algo estamos de acuerdo: yo
también creo que no pintaba nada allí, con bandera o sin ella. Tan borde se puso, o tan consentido le tienen, que al día siguiente era la bandera española la que había desaparecido de la ofrenda florar a las víctimas del holocausto. Como parece que a la tercera va la vencida, en la ofrenda a la tumba de Yaser Arafat ya habían conseguido ponerse de acuerdo y estaban las dos banderas en el crespón.
A todo ésto, Moratinos le echa la culpa a la floristería (desconocemos si Carod fue al comercio en cuestión a montarles el pollo) y el PP pide la comparencia del Ministro de Exteriores en el Congreso de los Diputados por lo que considera una tomadura de pelo. Seny y discreción, sin duda alguna.
Pero lo que ya es de juzgado de guardia es que Carod Rovira se refiera a la senyera como “la bandera de su país“. ¿En qué planeta vive éste hombre? Aspiraciones puede tener las que quiera; él es muy libre de querer que Catalunya, en un futuro, sea un país, una nación, un Estado o un continente; y está en su derecho de trabajar para conseguirlo. Pero la realidad es la que es, y hoy por hoy Catalunya NO es un país: Catalunya es una Comunidad Autónoma, el país es España. Y mientras el status político no cambie, la bandera del país de Carod, igual que la del mío, es la española, le guste o no. En un futuro, ¿quien sabe? Igual hasta acaban saliéndose con la suya.
Los actos de protocolo internacional no se organizan según las veleidades, sueños o aspiraciones de un politicucho visionario o el primer cantañamas que se arrime. Si Carod pretende ir de embajador catalán por el mundo, más le vale que, al menos, respete las normas.
Pero lo que ha sido aún más sonado ha sido la famosa foto de los dos payasos ejerciendo como tales: uno con corona de espinos cual Cristo en el Vía Crucis, y el otro inmortalizando la escenita, como dos turistas de bajo presupuesto (y menos neuronas) muertos de risa.
Quizá porque una imagen vale más que mil palabras, éste ha sido el momento más comentado. La foto ha circulado por todos los periódicos, portales de noticias y blogs.
Pues fíjate que a mí me parece menos hiriente el tema de la corona de espinas que la cuestión de las banderas.
La jerarquía católica asegura que han ofendido a los católicos y se han mofado de los símbolos cristianos. Hombre, teniendo en cuenta que la corona de espinas la compraron en una tienda de souvenirs a la salida del Santo Sepulcro, me permitirán especular con que ésa misma foto se la harán a diario cientos de personas. Y no pasa nada. Pero después de la que se ha montado con el tema de los matrimonios homosexuales, llueve sobre mojado.
A mí la escenita me parece criticable, pero por motivos diferentes: lo de la corona de espinas me parece más criticable por la payasada que por la hipotética (presunta) ofensa. Ningún representante de ninguna institución pública puede permitirse el lujo de ir haciendo el bufón por el mundo, salvo en su tiempo libre si le apetece, porque las personas a las que representa se pueden ofender, y con razón. Si la misma escena la toman cada día cientos de turistas, ¿dónde ven la ofensa? ¿En que los protagonistas no son dos personas anónimas? Igual, para evitar que tanta gente se cachondeara (según ellos) de los símbolos sagrados cristianos, sería mejor que retiraran las coronas de espinas de los puestos de souvenirs, y así se evitan que NADIE se haga fotos como la que tanto les ha molestado.
Por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Piqué: los que llevamos la corona de espinas somos los catalanes. Nos quedan 3 años de Vía Crucis. ¡Y que a una le hagan echar de menos al Gobierno de CiU, con lo que los critiqué en su momento! La teoría del mal menor viene ahora que ni pintada…








[...] de la corona de espinas “fue, podríamos decir, una estupidez” Podríamos decir, no: lo hemos dicho prácticamente todos. Dice también que de ése incidente no depende el prestigio internacional de Catalunya. No: el [...]
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