No mires a los ojos de la gente

Revoltijo de política, medios de comunicación, economía, sociedad y asuntos propios

Crítica del liberalismo puro

Entiendo que haya gente que se oponga a toda forma de prohibicionismo y quieran ser tratados como adultos responsables,en lugar de como a niños a los que hay que castigar cuando se portal mal. Lo entiendo, lo respeto y lo alabo: ojalá hubiera más gente así.

Son partidarios de una especie de laisez faire legal: confían en las personas, en su capacidad de razonamiento, en la información que reciben; consideran que el ser humano, en la sociedad actual, está bien informado y dispone del suficiente juicio crítico como para saber lo que es mejor o peor para para él, y obrar en consecuencia. En éste sentido, están por eliminar todas las prohibiciones posibles, como las que afectan al consumo del alcohol, tabaco, drogras en eneral, restricciones a la libertad económica y otras muchas. Proponen dar la mayor libertad posible al individuo porque sostienen que su buen juicio y el estar bien informado harán que la persona se conduzca de la mejor manera, o la más afín a sus intereses. Creen que el ser humano, si está bien informado, no haría nada que le perjudicara (a sí mismo).

No está mal como teoría, pero a mi modesto entender, tiene una pega: si la sociedad en la que vivimos fuese como ellos la pintan, yo también estaría de acuerdo con ésa idea utópica de la libertad sin restricciones. Pero me temo que no vivimos en una sociedad tan maravillosa, o al menos yo no lo veo así.

En primer lugar, desconfío bastante del “sentido común” de los individuos. ¡Cuántas meteduras de pata se han cometido en su nombre! Renée Descartes empieza así su “Discurso del Método”:

El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, pues cada uno piensa
estar tan bien provisto de él que aún aquéllos que son más difíciles de
contentar en todo lo demás, no acostumbran a desear más del que tienen.”

Tampoco es que estemos especialmente bien informados, sino má bien todo lo contrario: creo que hemos consentido que los medios de comunicación abdiquen de su función de informarnos y sólo les exigimos que nos entretengan. Y, liberados de ésa función, se han encontrado con el campo libre para convertirse en lacayos del poder, hurtándonos la realidad a cambio de espectáculo. Crónicas Marcianas tiene más credibilidad que el informativo de Antena3. Ciertamente preocupante.

Todo el país (¡ejem! es un decir: me refiero, obviamente, a la porción de la población que gusta de estar informada, aunque sea de ésta manera…) pendiente de las elecciones vascas, del Vaticano, de la Liga de Campeones. ¿Retirará Ibarretxe su plan o volverá a la carga con más de lo mismo? ¿Habrá fumata blanca, o tendremos que esperar hasta mañana? ¿Ganará el Barça la Liga, o remontará el Madrid en los tres partidos que quedan? Y así todo. Han convertido la información en show, hasta el punto de un que un nutrido grupo de ciudadanos se han pasado directamente al show pasando de la información, porque éste les resulta más creíble. Ni unos ni otros podemos elegir libremente, pues, la información que recibimos es sesgada e incompleta.

Si no tenemos toda la información, me reslta difícil imaginar cómo podríamos elegir la mejor opción, pero aún suponiendo una especie de instinto para detectar lo que es bueno o malo para mí, y el respeto a unas ciertas normas sociales que garanticen el respeto y la libertad de los demás (porque ésto, al menos, sí, ¿no?), quizá podríamos ir tirando, si no fuera porque ni siquiera a éso podemos agarrarnos ya. Nos respetamos muy poquito unos a otros: nos saltamos los semáforos en rojo, aparcamos en las zonas para minusválidos o de carga y descarga, intentamos pagar a Hacienda lo mínimo posible, nos colamos en la cola de las palomitas del cine o en la cola del súper, nos bajamos música de Internet o la compramos en el top manta, nos cabrea tener que dejar propina en los bares, y alguna vez hemos pensado que seguro que el cabrón del pizzero nos ha regalado un buen sipiajo con la pizza… Y si nunca lo hemos hecho (la excepción que confirma la regla), seguro que nos lo han hecho a nosotros más de una vezy nos ha sentado como una patada en el estómago.

Ni somos tan buenos, ni tan conscientes, ni estamos tan bien informados. A veces, de puro reblede y contestatario, hacemos las mayores gilipolleces sin sentido; y otras nos creemos tan listos y tan fuertes que metemos la pata hasta el hombro, por pasarnos de listos. Y así nos va.

Cuando el sentido común y la buena educación no son suficientes, hay que legislar. Y prohibir. Crear normas que hagan posible la convivencia entre seres supuestamente civilizados.

El que ahora no me puedan echar el humo del cigarrillo a la cara, so pena de multa, me parece una buena noticia. Si tú tienes libertad, yo también. Y tu libertad termina donde empieza la mía; si no respetas el límite, creo que tengo derecho a defenderme. Pero como los límites son algo subjetivo, y yo cuando me cabreo soy un peligro, hacen falta leyes que clarifiquen los términos y me paren los pies (y que otros hagan el trabajo sucio de castigar…).

Considero que hay leyes que están hechas para suplir una falta de respeto o de civismo; y otras, para protegernos de nosotros mismos, de nuestra propia estupidez. Si no nos detiene el sentido común, que al menos lo haga el miedo al castigo. Porque seremos seres adultos, pero cada vez somos más borregos y menos civilizados.


Categorias: Sociedad

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