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Expulsar a los inmigrantes delincuentes
Hoy, en teoría, empezaba el proceso de expulsión de los inmigrantes implicados en los disturbios de París. Son 2.800 detenidos y los extranjeros no representan ni el 5% del total de los detenidos, pero la gente feliz, creyendo que se trata de una medida eficaz. Lo que hace la propaganda.
Un compañero de redes comentó aquí ayer que la expulsión de los inmigrantes delincuentes le parecía una buena idea, porque a los inmigrantes se les deja entrar en el país para ganarse la vida y no para delinquir. Me pareció una visión curiosa, pero me parece aún más curioso en tanto que el primer ministro francés opina lo mismo. Como parece que el proceso es ya imparable, merece la pena pararse un minuto a reflexionar sobre el asunto.
Como ya dije ayer, no creo que el núcleo del problema de los disturbios esté en la inmigración, ni que la prórroga del Estado de excepción o la expulsión de los inmigrantes implicados sean medidas adecuadas para paliar la situación. No obstante, hagamos el esfuerzo de descontextualizar la medida y analizarla de forma separada, al margen de los sucesos de los suburbios parisinos.
¿Es aceptable / válida la medida de expulsar del país, o deportar a su país de origen, a los inmigrantes condenados por algún delito? A mí me parece que no, y expondré porqué:
Porque me parece que revela una falta de confianza en las instituciones democráticas, como leyes, jueces y prisiones, de efecto sobre todos los ciudadanos en la misma medida (teóricamente). Doy por hecho, por supusto, que el acta de expulsión sólo se ejecutaría previo juicio justo y sentencia condenatoria en firme, faltaría más. Por lo que no veo, desde el respeto a la ley y a las instituciones democráticas de justicia, porqué se deben contemplar dos castigos distintos para el mismo delito, en función del lugar de nacimiento del condenado.
Por un lado, me parece una medida discriminatoria intolerable: si el delito lo comete un ciudadano autóctono, cárcel; si lo comete un inmigrante, expulsión. Por otro lado, revela una desconfianza que no se puede sostener desde las instituciones públicas, en el sistema penitenciario: al menos el español está orientado hacia la reinserción social, objetivo que no se puede alcanzar de ninguna manera con la expulsión.
Item más: ¿Dónde ponemos el límite? ¿Deportamos a los ladrones de bolsos, y encarcelamos a los atracadores de bancos, o viceversa? ¿O deportamos a ambos? ¿Deberíamos deportar a su país de origen a un condenado por un delito que en su país de origen tenga pena de muerte?
Y, por último, un aspecto a tener en cuenta, como nota al margen si lo desean: precisamente fue el propio Sarkozy quien, hace sólo un año, suprimió lo que se conoce como “doble castigo”, esto es, la expulsión de los inmigrantes una vez han cumplido su castigo con la justicia francesa.








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