Los hijos NO “pertenecen” a sus padres
En contra de la creencia popular un poco en la línea Homer Sipmson, los hijos NO pertencen a sus padres como si de objetos inanimados se tratase, y los padres NO pueden hacer con ellos lo que les dé la gana, ni limitar sus derechos como personas.
El punto número 2 de la Declaración Universal de los Derechos del Niño dice:
Los niños tienen derecho a una protección especial para que puedan crecer física, mental y socialmente sanos y libres.
Como comentábamos ayer, uno de los requisitos para que niños y adolescentes crezcan física, mental y socialmente sanos y libres es que tengan información sobre sexualidad, enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados y conozcan los métodos existentes para ponerles remedio. Y para que dispongan de esta información y puedan hacer con su cuerpo lo que quieran o lo que su moralidad (la que sus padres les hayan transmitido) les dicte, la fórmula más eficaz es hacérsela llegar mediante programas de educación sexual en las escuelas.
Sarah Palin, la candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos por el partido republicano, está en contra de los programas de educación sexual explícita a adolescentes. Los resultados de la educación que ha transmitido a sus hijos en temas sexuales saltan a la vista.
Bueno, pues Sarah Palin no tiene razón. Uno no puede decidir restringir los derechos de sus hijos con la excusa de que son suyos y hace con ellos lo que quiere. El hecho de que una tenga la mala suerte de tener unos padres cafres no significa que puedan prohibirle tener acceso a información vital para su salud, para su maduración y para su desarrollo como persona sana y libre.
Hace unos años la opinión pública se escandalizó por el caso de unos padres testigos de Jehová que se negaron a que su hijo recibiera una transfusión de sangre porque su religión prescribía que esto era un pecado gravísimo. Se trató de uno de esos casos en los que las convicciones de los padres ponen en serio peligro la salud de los hijos, y todos nos llevamos las manos a la cabeza. Pues lo que Sarah Palin propone no es muy diferente, con el handicap de que es más probable que un adolescente tenga relaciones sexuales antes de haber cumplido la mayoría de edad, que de necesitar una transfusión de sangre, por simple cálculo estadístico.
Si un adolescente no es consciente de que abrir un preservativo con los dientes es lo más parecido a hacerlo sin protección; si no sabe que para poner un condón hay que apretar la punta para evitar que quede aire, y se rompa con la eyuaculación; si desconoce que la “marcha atrás” no es un método anticonceptivo eficaz porque “antes de llover, chispea“; si desconoce los riesgos de mantener relaciones sexuales sin protección porque cree que “por una vez no pasa nada“; si cree que la píldora del dia después no tiene efectos secundarios y puede tomarse como si fueran lacasitos… si un adolescente no sabe nada de esto, está poniendo en riesgo su vida, su futuro, y la vida y el futuro de su pareja sexual. Las consecuencias de esta falta de información podrían acompañarles durante el resto de sus vidas: un embarazo no deseado o el SIDA son solo algunos de los peligros que podrían combatirse con información y educación. Si los padres se la niegan, alguien tendrá que explicárselo.
Si los adolescentes tienen información sobre salud sexual y reproductiva y conocen los métodos para evitar embarazos no deseados y enfermedades de transmisión sexual, podrán decidir qué hacer con su cuerpo y con su vida libremente, de acuerdo a sus propios criterios: seguir las normas morales que sus padres les han inculcado sobre abstinencia y relaciones prematrimoniales, o hacer de su capa un sayo. Pero insisto, los padres no tienen derecho a poner en peligro la salud y la vida de sus hijos, porque las vidas de estos no les pertenecen.
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La no-educación sexual no supone que vayan a dejar de practicar sexo, porque bombos antes de tiempo han existido siempre, en épocas donde de educación sexual nada de nada.
El problema de que muchos padres se piensen que sus hijos son suyos es que rebasa el tema de la sexualidad. Y si no tenemos como gran ejemplo lo que está pasando con EpC, donde al margen de la ideonedad o no de la asignatura un grupo de familias bastante conservadores deciden “defender” los derechos de sus hijos obligándoles a objetar, y todo porque no comparten los valores morales (atroces valores morales) que enseñan en esa asignatura, e incluso lo ven como un ataque a la religión. Incluso algún caso hay de padres que deciden apartar a sus hijos del colegio para enseñarlos a través de profesores particulares.
Está en juego sus vidas. Me parece un tema demasiado serio como para frivolizar o dejarlo en manos de personas que ni están preparadas ni tiene toda la información.
Los padres, que eduquen en valores. La información, en la escuela.
Y, sinceramente, me parece pasarse de la raya pensar que la educación sexual es una manera de adoctrinar a los adolescentes o “manipularlos en fondo hacia una determinada programación socialbuenista“, así que lo interpretaré como una más de tus desbarradas habituales a las que ya me tienes acostumbrada.
El problema no son las competencias de los chavales, sino asegurar que su actuación sea la correcta. Y aquí discrepo en que no hay que educar en valores en la escuela (después de la caña que me dio cierta profesora en cierta asignatura…). La escuela en su currículum tiene como obligación educar en valores. Lo cual es un gran peligro, eso nadie lo niega (¿hasta qué punto esto significa un absolutismo de pensamiento?). Además, dar información sin valores es algo técnicamente imposible desde el momento en que somos unos seres cuya capacidad de conocimiento estriba en la continua reconstrucción de la realidad (es decir, construimos y reconstruimos el conocimiento dependiendo de la sociedad, de la familia, de nosotros mismos como individuos, etc.).
Sin embargo hay valores más o menos generales que sí pueden ser transmisibles en el ámbito escolar y deben serlo. Otros son más cuestionados por ciertos sectores de la sociedad actual, como por ejemplo el tema de la homosexualidad.
Pero volviendo al tema de la sexualidad, no hay que olvidar que la escuela tiene la OBLIGACIÓN de desarrollar y fomentar las capacidades de los individuos para que en su futuro éstos puedan afrontar la vida en la sociedad actual sin problemas en sus elementos más esenciales. Y actualmente, que los chavales no tengan unos mínimos conocimientos sobre sexualidad ni unos mínimos valores (¿Qué valores se pueden tener cuando el único conocimiento sobre el tema en algunas familias es “sexo malo”?) les pone en una situación de desventaja. Desventaja frente a una dimensión de la vida universal y necesaria (en cierto grado, no nos olvidemos de quienes prescinden de ella), desventaja frente a posibles consecuencias por su falta de información inicial (vale, ponerse un condón es fácil, pero si no conciencias de la necesidad de un condón, etc., ¿de qué sirve?),…
No hay que olvidar tampoco que vivimos en una sociedad con un constante bombardeo de información con contenidos sexuales. Me refiero a series de televisión, a películas, etc., donde la imagen que dan del sexo es idealizada, muy irreal en muchos casos. Así que los chavales, en vez de aprender primero de los manuales, ¿de dónde aprenden?, de los medios que tienen más a mano: internet, TV, revistas,… Es labor tanto de la escuela como de las familias poner en contexto toda esa información, y dar guías de lo que es verdad, lo que no es verdad, etc.
Buff, creo que me he enrevesado un poco. Lo dejo que me deja muy mal la cabeza el estudio.
Ah, a la cuestión de la sexualidad añadiría la de la (no) religión.
Un saludo.
¿Recogemos firmas? Dudo que nos escuche, pero sería le leche. :)
Hay que recordarlo más: los niños, como seres humanos, no pueden pertenecer a nadie.