Vaya día es escogido para volver de la primera tanda de mis vacaciones (en agosto, más): con más de un año de retraso, por fin parece que está prácticamente cerrado el acuerdo sobre financiación autonómica que ha llevado de cabeza al Gobierno, Generalitat y a todas las demás autonomías durante los últimos, ¿dos años? No entraré en si el acuerdo será bueno o malo, pues para eso os recomiendo el post de Jose sobre el tema: como siempre equilibrado y valorando pros y contras del acuerdo, o también el post de Toni Salado con información interesante.
A mí me apetece comentar lo que hemos aprendido en el trayecto, durante el proceso de negociación, aquellas ideas que los medios de comunicación han contribuido a situar de una forma más o menos firme en la opinión colectiva. Destacaría:
1) Los numerosos incumplimientos de los plazos que el propio Zapatero se había automarcado le están pasando factura ya al Presidente en el apartado de credibilidad. No se pueden dar 5 fechas sucesivas, a medida que se incumplía la anterior, y salirse de rositas. No se puede convocar en Nochebuena a los Presidentes Autonómicos con la promesa de un acuerdo inminente, que finalmente no se produce, y esperar que no se note.
2) El Sudoku de Solbes, que no tengo muy claro cómo ha conseguido cuadrarlo Elena Salgado: Hay que montar un sistema de financiación que sirva para casi todas las autonomías (menos en el caso vasco), y para ello Andalucía quiere que se aplique el criterio de población, Castilla la Mancha quiere que se contemple el criterio de extensión geográfica y dispersión de la población, Galicia quiere que se contemple el envejecimiento de la población, Madrid quiere que se actualice en función del crecimiento demográfico y de la inmigración recibida, Catalunya que se tengan en cuenta las necesidades en materia de gasto social (escolares, dependientes, mayores, inmigrantes, etc.), y Baleares quiere que se tenga en cuenta la insularidad y creo que en Galicia durante el mandato de Touriño alguien mencionó también la doble lengua oficial. Con todos estos criterios, había que montar un sistema de financiación único que no perjudicara a nadie. Por si a alguien se le ha pasado, les recuerdo que seguimos en crisis.
3) El ya célebre “teorema Zapatero”: “Todas las comunidades autónomas serán financiadas por encima de la media”. Es lo que tiene lanzar consignas al vuelo sin explicarlas convenientemente: que da la sensación de que se intenta contentar a todos con promesas que no se pueden cumplir. Porque, además, hay que cuadrar el sudoku de la financiación que apuntaba Solbes según los requisitos mínimos del punto anterior sin perjudicar a nadie…
4) “Bilateralidad Vs. Multilateralidad”, ese extraño concepto que en realidad no significa nada porque nada ha cambiado, pero sirve para que algunos intenten hacer creer a la opinión pública que los catalanes negocian con Zapatero cuánto dinero le van a robar a las autonomías “pobres”, sin que estas tengan nada que decir.
5) Es posible oponerse a un acuerdo, aunque este sea 10 veces mejor que lo que tenemos actualmente, y aún así que te salga rentable políticamente hablando.
Para los de siempre (El Mundo, Libertad Digital, La Razón y todos sus spin-offs), un par de enseñanzas más:
6) La voracidad catalana: pase lo que pase, a los catalanes solo se les cierra la boca poniendo dinero encima de la mesa, y nunca estaremos satisfechos, siempre querremos más.
7) Y el ya clásico “España se rompe”: si un gobierno socialista habla de repartir dinero a las autonomías, que son las que gestionan la mayor parte de las competencias, eso significa romper la Constitución, atentar contra el Estado de las Autonomías (que ellos mismos se quieren cargar, detalle sin importancia), cuando no ceder al chantaje nacionalista y terrorista. No consta, sin embargo, que las autonomías gobernadas por el PP tengan previsto luchar contra ese atentado contra el Estado de las autonomías o cesión al chantaje nacionalista: más bien tienen previsto coger el dinero que Zapatero les ofrece, mientras siguen con su retórica apocalíptica. Dame pan y te llamaré traidor a la patria, o algo así.