¿Son más crueles los niños o los adultos?
En mi escasa vida adulta las he pasado putas: con 20 años tuve un jefe cuyo comportamiento estaba a un palmo del acoso sexual (frases como “¡¡joder, Jéssica, te crece el culo pero no te crecen las tetas!!” estaban a la orden del día). Con 24 años supe lo que era el mobbing: mi jefe estuvo 3 meses sin hablarme y sin pasarme trabajo, y yo aproveché para montar Red Progresista. Con 25, el que pensaba que era el hombre con el que pasaría el resto de mi vida, me dejó por una mujer 10 años más joven (si yo tenía 25, y ella 10 años menos… es igual, nunca se me han dado bien las matemáticas).
Y aún así, todo eso se supera, sales adelante, recurres a los abogados del sindicato y tiras millas, conoces a otra persona, incluso ¡te casas por la Iglesia!, y ya ni te acuerdas de los días en los que pensabas que tu vida era una mierda.
Lo que no supera por mucho tiempo que pase, o al menos yo no lo he logrado, es el acoso escolar que sufrí en el colegio, los insultos de los niños, los concursos para ver a quien se le ocurría el mote más cruel y más hiriente, los escupitajos en la mochila y en el pelo, el tener que sprintear para llegar a casa cual versión infantil de Ussain Bolt con una caterva de enrgúmenos detrás. Eso no se supera por más años que pasen: los insultos y la marginación en el colegio te marcan para toda la vida. Han pasado 20 años y no me remuerde la conciencia reconocer que, si tuviera 15 minutos de impunidad, les destrozaría la cabeza con una piedra a todos los hijos de puta que me hicieron la vida imposible en el colegio.
Cuando yo iba al colegio, hace 20 años, aún no existía el Photoshop ni los ordenadores estaban tan extendidos como hoy en día. Es probable que, de haber tenido esos medios a su alcance, más de un día y más de dos mi colegio hubiera aparecido empapelado con fotomontajes asquerosos con mi cara, hechos por los graciosillos de turno, a los que no les faltaba imaginación cuando de crueldad se trataba. Seguro que les habría parecido de los más divertido. Y yo me habría hundido todavía más en la miseria: las palabras, aunque duelan, se las lleva el viento y retumban en el cerebro; los escupitajos en la cara y en la ropa se lavan; los chicles pegados al pelo se arreglan cortando por lo sano; pero los papeles con tu cara en un montaje cruel pueden perseguirte durante mucho tiempo. Mucho tiempo.
El caso de Jokin me conmovió en lo más íntimo, porque podría haber sido yo: un adolescente que no pudo resistir por más tiempo la presión y el acoso al que era sometido por sus compañeros de colegio, y desesperado, acabó suicidándose. Suicidándose. Un adolecente. Acosado por sus compañeros de colegio. No pudo aguantar más los insultos y la degradación a la que le sometían.
Me pregunto si piensan en ello todos los que se lo han pasado teta haciendo fotomontajes a costa de las hijas de Zapatero. Si a Antonio Burgos, que utiliza su tribuna en un medio de comunicación con cientos de miles de lectores, se le ha pasado por la cabeza algo de todo lo que he mencionado, antes de ponerse a insultar a dos adolescentes sin piedad. Probablemente todos los que se están descojonando vivos a costa de las hijas de Zapatero no fueron acosados en el colegio como yo: no puedo evitar pensar que ellos estaban en el lado de los acosadores. Del lado de los que, en su crueldad, son capaces de inducir a un adolescente al suicidio.
Cuando esas niñas vuelvan al colegio, van a pasar un calvario. Si los adultos son capaces de esa crueldad, cuando se les presupone sentido común en base a su mayoría de edad y un comportamiento acorde a la educación en sociedad, ¿de qué no serán capaces los niños en toda su crueldad? ¿Hasta dónde llegarán los compañeros de clase de Alba y Laura, si los mayores han demostrado ya que no conocen límites en su crueldad?
Si yo fuese Sonsoles, estaría contemplando la posibilidad del Home School, o bien internarlas en un colegio en Suiza, lo más cerca. Por el bien de su salud y de su estabilidad emocional.
Y a todos los acosadores, a todos los que se han dedicado a despellejar a estas adolescentes hasta hacerles la vida imposible, mi más profundo desprecio.
Mira, por una vez y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con Risto Mejide:
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Supongo que el problema radica en que los niños aun no han desarrollado una inteligencia emocional y por lo tanto su grado de empatía es muy bajo.
Lo de Antonio Burgos es otra cosa, cuando un adulto carece totalmente de empatia, se lo suele denominar psicópata ….
Mi hijo (al que conoces) no sabía pegar patadas hasta que empezó el curso este año…
El año pasado le ponía camisetas rosa de chico sin problemas. Hoy me dice que el rosa no, que es de niñas.
¿Quién le enseñó eso? Pues algún compa de clase. ¿Y al compa? Pues algún adulto a su alrededor…
Que luego los niños son más crueles porque no se cortan, seguro. Pero los males no vienen del mundo infantil, eso también seguro.
Aunque me lo propusiera, cualquier calificativo que pudiera dedicarle a este individuo se quedaría muy corto, así que lo que pienso hacer es difundir su artículo, por aquello de que por sus obras los conocereis.
Un servidor también está hasta el pírolo de los chistecillos sobre las hijas de ZP. Y sólo me produce asco el bullying colectivo al que las hemos sometido.
Pero mola más decir que no vamos a estudiar Educación para la ciudadanía en nombre de una mal llamada Libertad
Siento que mi primera guerra dialéctica en el facebook haya sido por un malentendido.
:(
Despues de 4 años (los 4 cursos de la ESO) agonicos i dos depresiones deje el instituto. Gracias a una panda de hijos de puta me tuve que buscar la vida para poder estudiar y recupere mi orgullo, mis ganas de vivir. Pero la fovia a conocer gente sigue ahi… miedo a no gustar y que vayan a por ti por ser “diferente”.
Me encanta el estudio y hasta hace unos meses no logre sacarme la ESO, tengo 19 años y quiero seguir estudiando, como se que no es posible estar en un centro ya que hay una panda de degenerados que ni sus padres ni un profesorado cualificado pueden controlar he decidido estudiar a distancia (IOC). Ahora he empezado con bachillerato.
Cada vez tenemos mas casos de este tipo y los niños son menos maduros, en lugar de buscar ayuda recorren al aislamiento y al panico. Creo que debemos hacer algo por ellos.
Yo empece por mi vecina y funciono, la marginaban e insultaban, ahora se ha ganado un respeto y puede compaginar el estudio con las relaciones entre compañeros.
Es muy duro y triste todo esto, pero a veces pienso que la solucion a todo esto seria encerrar a todos estos cabrones en una clase, aislados de todo recibiendo golpes, escupitajos, insultos, marginados, etc… En esto aplicaria el ojo por ojo…
Nunca tuve problemas en la escuela, al menos nunca los interioricé como tales, a pesar de ser fácil blanco de insultos por ser muy moreno.
La forma en la que asimilamos ese acoso es lo que ha cambiado, igual que la actitud de las familias de los acosadores. Antes si acosabas hasta la pesadez, acababas perdiendo. ahora les ríen las gracias y es ese patético personaje que se tiene por un fénix de los ingenios, el tal Burgos, uno de los que a buen seguro se reirían si sus hijos hubiesen sido unos acosadores. Tiene tal prepotencia, es tan limitado moralmente hablando, que merece la ignorancia. El solo se define y, a buen seguro, fue la víctima del acoso de sus compañeros de pequeño.
Yo personalmente, que Risto, un personaje que humillaba CRUELMENTE, a docenas de chicos y chicas, para que la gente en sus casas mojaran pan ante el bochorno ajeno, no me parece el más indicado para criticar… aunque el trasfondo sea cierto.
Una abrazo.
Por lo que sabemos pueden estar jodidas, tristes, cabreadas o ¡partiéndose la caja!…
En el colegio, pueden ser de las más populares, por lo que, ¿de verdad se iban a meter con ellas?
Ten encuenta que no es lo mismo lo que hayan hecho los medios que lo que hagan sus compañeros y yo no tengo porqué pensar que quizá no sufran ningún tipo de acoso.
Quizá tú lo miras cómo lo miras, porque lo sufriste, y quizá yo creo no tiene porqué pasarles, por que siendo “diferente” siempre, nunca sufri acoso escolar.
Un saludo
Hemos sido los demás los de la sorpresa, para bien o para mal.
Tranquila por ellas, que salen de esta hasta riéndose.
Yo también he tenido que aguantar bromitas escolares aunque afortunadamente no tan exageradas ni me causaron lesiones psicológicas. Seguro que todos los de mi generación han tenido que aguantar lo típico de “cuatro ojos” si llevaban gafas. Y es que claro, en esa época no era tan común que los niños llevasen gafas y eras el que destacaba y como por lo general solían ser también buenos estudiantes pues ya tenías el extra de “empollón”.
Afortunadamente, se puede hacer uno su hueco en estas junglas a base de un buen par de codazos (los niños a veces no entienden más que a palos como los burros, qué triste – y no, no di ninguna paliza a nadie, pero pegar un buen par de voces con cara de mala leche hace maravillas, hoygan) así como haciéndose imprescindible, adivinen a quién pedían que les explicase la clase o dejase los apuntes.
Me da pena pensar que otros niños no tienen esa capacidad de adaptación o sus atormentadores son más insistentes y han de vivir una juventud desgraciada.
Mi experiencia de padre me dice que si un adolescente es un poco hijoputa seguro que su padre también lo es. En una ocasión llamé por teléfono al padre de un individuo que no dejaba a mi hijo en Paz y le hacía la vida imposible tanto en el instituto como en la calle, para que hablara con su hijo y se acabara el problema. El resultado no pudo ser más bochornoso y, además, el hijo me llamó muy chulo él exigiéndome explicaciones por molestar a su padre.
El asunto se resolvió de una manera que ambos entendieron a la perfección, más que me pesara, pero mi hijo no volvió a ser acosado por nadie.
De mi experiencia como niño no hablo porque me quitaron la infancia a los siete años.
Salud