Tras el anuncio del Gobierno de buscar la forma de prohibir los anuncios de prostitución en los medios de comunicación, llevamos varios días dándole vueltas al debate sobre si sería bueno o malo regular la prostitución. Mi postura al respecto es de sobra conocida, pero creo que cuando hablamos de este tema partimos de un error inicial. Como podéis ver en los comentarios aquí (y también aquí), varias personas, no me cabe la menor duda que llevadas por la mejor intención, abogan por regular la prostitución porque eso acabaría con las mafias o reduciría mucho su papel. Y ya. Sin un porque, sin una argumentación que acompañe esa afirmación, sin más. Porque no hace falta argumentar más, es algo que se da por hecho. ¿Por qué? Pues lo tenemos asumido, y la pista me la da Nynaeve cuando lo relaciona con la legalización de las drogas:
- Legalizar las drogas acaba con las mafias. Cierto: la legalización de las drogas expulsa a las mafias del mercado: cualquiera puede montarse su propio laboratorio o su propia plantación y vender esas sustancias, sometiéndose a los mismos controles que cualquier otro producto y pagando impuestos, si se tratase de una actividad legal.
- Por lo tanto, legalizar la prostitución acaba con las mafias al ser esta una actividad legal… Solo que esto es falso: legalizar la prostitución incrementa el papel de las mafias. ¿Por qué? Por la escasez. Voy a intentar explicarlo.
Cuando hablamos sobre legalización de las drogas, hemos llegado a la conclusión de que es relativamente fácil para cualquiera interesado en el negocio el poder establecerse, conseguir la materia prima y montar una “cadena de producción” si se tienen los conocimientos necesarios o se contrata al personal que los tenga. Exactamente igual que fabricar salchichas: solo hay que saber cómo hacerlo, o contratar a quien sepa hacerlo, conseguir la materia prima necesaria, pasar los controles de sanidad adecuados, y distribuir la mercancía. No hace falta forzar la libertad de nadie para convertirte en narcotraficante distribuidor.
Pero el negocio de la prostitución no funciona exactamente así debido a la escasez de “materia prima”. Que la prostitución sea una actividad legal no la hace más atractiva para las candidatas a profesionales del sector. Que la prostitución sea una actividad económica más no implica que hayan más niñas que deseen dedicarse a ello, como el hecho de que se prohíba o se legalice la limpieza de escaleras, tiene escaso impacto sobre las “vocaciones”. Por lo tanto, legalizar la prostitución NO conlleva un aumento significativo de la oferta de chicas disponibles a ejercerla.
En cambio, legalizar la prostitución sí conlleva (como de hecho así se pone de manifiesto en los comentarios a los que me refería antes) un cambio en la visión que se tiene de esta actividad. Implica (al menos la visión de) una mejora de las condiciones sanitarias, le quita la imagen de sordidez y de actividad quasi-delictiva y retrae notablemente para los clientes potenciales la apreciación de peligro por contraer una ETS, lo que conlleva un aumento significativo del número de clientes potenciales, es decir, incrementa la demanda.
Y aquí tenemos el problema: si actualmente el número de chicas dispuestas a ejercer la prostitución (oferta) está muy por debajo de las necesarias para cubrir la demanda y por ello las mafias de tráfico de esclavas sexuales son un negocio tan lucrativo, imaginaos lo que ocurriría si aumentamos el número de clientes pero mantenemos prácticamente igual el número de mujeres dispuestas a ejercer la prostitución libremente y sin coacción… El concepto clave sigue siendo la escasez. Escasez de oferta. Como no hay suficientes mujeres dispuestas a prostituirse, sea esta una actividad legal o ilegal, las mafias intervienen para equilibrar el mercado aumentando la oferta… mediante el secuestro, la coacción, las amenazas y la violencia física.
Por eso, regular la prostitución como una actividad económica más, que pudiera ser ejercida tanto por cuenta propia como ajena, conlleva aparejado un aumento del número de clientes, lo que incrementa el volumen de negocio de las mafias, además de hacerlas mucho más difíciles de detectar como ya comenté en la entrada anterior.
No pongo en duda que habrán mujeres (y hombres, pero aquí hablo de mafias) que se dediquen a la prostitución por voluntad propia. Pero la cuestión no es esa, la cuestión es que no hay putas suficientes para todos.