La manifestación del 10 de julio fue un éxito con muy pocos precedentes en la historia reciente. Es de justicia reconocerlo.
A pesar de que el lema era excluyente (yo no fui porque no me sentía representada en él y no quise sentirme utilizada en una causa que no comparto), la asistencia fue plural y unitaria. A pesar de que el lema de la cabecera proclamaba el derecho de autodeterminación (Som una nació i tenim dret a decidir) y de que había una voluntad clara de patrimonializarla por parte de los grupos independentistas, a la manifestación asistieron independentistas pero también no nacionalistas por igual. También es justo reconocer que al éxito de la manifestación contribuyó que todos los partidos, organizaciones sindicales y cívicas, independientemente de su ideario y de su postura hacia el independentismo, hicieran un llamamiento a su militancia para que acudieran de forma masiva.
Parece haber un cierto consenso en que las consignas más coreadas durante la manifestación fueron las soberanistas. En palabras de Donaire, que estuvo allí:
3. A pesar de la diversidad, destacó por encima del resto el grito de “Adéu Espanya”. Es una evidencia que la opción de No a España crece cada día. Y se ha instalado en una parte de la población el sentimiento de que no hay acuerdo posible y que lo mejor es un divorcio amistoso y civilizado. Ésta es una curiosa paradoja: Los más acérrimos defensores de la España indivisible, los apóstoles del “España se rompe” consiguen con su actitud crear más adeptos a la causa independentista.
Mi conclusión, leyéndole, es que aquello no era una manifestación pro-Estatut o, en el mejor de los casos, el sábado se dieron cita dos manifestaciones: una que defiende el Estatut tal y como fue aprobado en referéndum, y otra que defiende la superación del marco estatutario. Ambas legítimas, faltaría más. Ahora bien, me resulta complicado cuantificar una y otra por separado. Unos gritaban más, pero no sé si eran más. De lo que sí estoy razonablemente segura es que de los soberanistas son hoy muchos más que hace un año. ¿Qué porcentaje de la sociedad catalana? A estas alturas, ni la más remota idea. Las urnas, en otoño, nos lo dirán. Citando de nuevo a Donaire:
4. La causa independentista ya no es una opción marginal de jóvenes idealistas y ancianos nostálgicos. Ahora ya mueve a intelectuales, pensadores, empresarios, asociaciones, periodistas, grupos de presión o científicos. La vía del Adéu Espanya tiene guionistas brillantes y acumula adeptos y propuestas concretas. Una parte de la sociedad catalana entiende el estado catalán no como una salida de emergencia, sino como una vía tranquila y plausible.
¿Y cómo hemos llegado a esta situación? Hay explicaciones variadas. Yo me quedo con esta:
Cuando un Tribunal Constitucional asegura que los catalanes son una especie de un género superior que es el español, dictamina que en un territorio donde hay dos lenguas oficiales sólo existe el deber de conocer una de ellas o niega el hecho de que Catalunya tiene la voluntad de ser una nación desde el siglo XVII, pues resulta evidente que está dinamitando cualquier intento de convivencia o proyecto común.
¿Lecciones del éxito de la selección? Sí, por supuesto: que una España plural es posible siempre que el nacionalismo de botijo deje de agredir a quienes hablan o sienten de forma diferente.
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