Sí, todos nos prostituimos de una forma o de otra, un@s alquilamos nuestro cerebro por dinero, otros alquilan su cuerpo por ejemplo para descargar camiones, y otras (mayormente) alquilan su sexo por un rato para satisfacer las necesidades sexuales de sus clientes. Vale, de acuerdo, aceptamos pulpo. ¿Y por eso se debería regular la prostitución como una actividad más? Pues no, mientras existan mafias de explotación sexual y tráfico de mujeres que copan de forma muy mayoritaria (no me atrevo a dar cifras, pero MUY MAYORITARIA) el mercado del sexo.
Regular la prostitución suena muy bonito y muy “progre” en el peor sentido de la palabra, porque aquí nadie quiere parece mojigato, somos todos muy liberales con respecto al sexo y aceptamos cualquier forma que tengan los demás de ganarse la vida, porque somos así de guays y si se dedican a ello LIBREMENTE, ¿por qué no? Porque la palabra clave es “libremente”, y en la mayoría de los casos no es así, porque la glamourosa vida de Belle en Servicio Completo (Secret Diary of a Call Girl) es anecdótica.
La realidad (y no me vengáis con expresiones del estilo pues yo creo que, yo pienso que, si legalizáramos pasaría, se podría, o cualquier otro verbo en condicional) es que allí donde se regula la prostitución, las mafias hacen su agosto y se reducen los recursos para luchar contra la explotación sexual, que pasa de depender de la Policía a depender de inspección laboral. Es peor el remedio que la enfermedad. Y no, tampoco me sirve que me digáis, ¡Pues que siga de la Policía! Porque cuando hablamos de un camarero obligado a trabajar en jornadas de 16 horas con contrato de apenas 4 bajo amenaza de despido, no hablamos de “explotación hostelera”, hablamos de explotación laboral. De ser el proxenetismo y la prostitución actividades económicas reguladas, también pasaríamos a considerar las mafias como explotadores laborales. Y si os consideráis más listos que expertos de uno y otro lado que han intentado resolver esto y vosotros tenéis alguna solución, os animo a que vayáis al Congreso a defenderla, que os estarán muy agradecidos.
Despojaos de falacias y lugares comunes y pensad una cosa: A las personas que ejercen la prostitución por cuenta ajena, nada les impide darse de alta como autónomas, por ejemplo como sexólogas (¿sexología práctica, ayudar a solucionar desórdenes de tipo sexual? ¿por qué no?), cotizar a la Seguridad Social y pagar impuestos en Hacienda, tener una pensión y bajas por enfermedad como cualquier autónomo. Me han dicho que eso es defraudar a Hacienda porque significa dar de alta una actividad que en realidad no practicas, pero eso también es mentira: defraudar a Hacienda es realizar una actividad económica en negro, cualquiera que haya intentado registrar su actividad por cuenta ajena sabe que el listado de actividades de Hacienda no es un Vademecum que recoja absolutamente todas las actividades económicas y además se actualiza de higos a brevas y la sociedad avanza mucho más rápido (prueba a darte de alta como “asesora en TIC’s” o “asesora en innovación tecnológica” y luego me cuentas), y además la prostitución no es ilegal, lo que es ilegal es el proxenetismo. ¿Por qué no lo hacen? Me inclino a pensar que a) porque no son tantas y/o b) porque en el fondo a nadie nos gusta pagar impuestos (es el mismo problema que las mujeres de la limpieza, que tampoco suelen darse de alta como autónomas y prefieren trabajar en negro debido a que cobran muy poco, pero no porque su actividad sea “alegal”). ¿Facturas? Si es el fontanero y ya te pregunta si quieres la factura “con IVA o sin IVA”, imagino que todos sabemos cual será la respuesta mayoritaria de los que van de putas a esta misma pregunta, ¿no?
Y no, no me digáis tampoco que legalizar ayudaría a mejorar sus condiciones sanitarias y a prevenir riesgos laborales, porque no estamos hablando de trabajadores de una obra a los que la ley les obliga a ponerse casco y chaleco reflectante, porque al putero que se niega a ponerse un condón le importa tres pepinos que la prostituta con la que está pague sus impuestos o no lo haga. Si un taxista no puede obligar a bajarse del taxi a un cliente que huele mal, porque no puede permitirse el lujo de perder el dinero de la carrera, ¿creeis que las prostitutas pueden negarse a realizar un servicio a quien se niega a ponerse protección, y renunciar así a cobrar esa carrera? ¿Puede permitirse una prostituta perder el dinero de un servicio, o de muchos en realidad, porque sus clientes se nieguen a aceptar “las normas de seguridad e higiene en el trabajo”? Legalizar no le da más poder a la prostituta para imponer unas normas que sus clientes no aceptan, a no ser que quiera morirse de hambre. Legalizar no le da mayor poder de negociación, porque el poder aquí lo tiene quien tiene el dinero (ya sabeis, “el cliente siempre tiene la razón”), no quien lo necesita. Y a las esclavas sexuales víctimas de mafias, que les hables de mejorar sus condiciones sanitarias a cambio de hacer más difícil de detectar su situación y alargar su padecimiento, me figuro que les debe sonar a chiste de mal gusto.
Me gustaría que, para tratar este tema tan delicado, dejemos a un lado las posturas morales, las opiniones personales y los verbos condicionales de lo que podría pasar si, y habláramos con un poquito de conocimiento de causa y de las consecuencias de determinadas medidas. No vivimos en una isla, prácticamente todas las opciones que se nos pasen por la imaginación se han probado en países de nuestro entorno: fijémonos en las consecuencias. No estamos hablando de sexo ni de trabajo, en eso creo que estamos todos de acuerdo en que cada cual puede trabajar en lo que le dé la gana y acostarse (por dinero o por cualquier otra compensación) con quien le de la gana: de lo que estamos hablando de explotación.