De regreso   8 de Julio de 2008

Volviendo, pero poquito a poco. La vida de casada me sienta bien. Claro que un marido maravilloso como el mío, y un crucero por el Mediterráneo de una semana en plan relax y mimoso, le sentaría bien a cualquiera.

Desde que volví, el domingo por la mañana, todavía no he leído un periódico más allá de los titulares, pero a mi regreso me esperaban algunas sorpresas: Leire Pajín ha sido elegida secretaria de organización del PSOE, pero no tengo muy claro qué papel le queda a Pepe Blanco. Ya me enteraré. También he leído que en el PP de Catalunya tanto Daniel Sirera como Fernández Díaz han retirado sus candidaturas, y la militancia ha tenido que escoger entre Nebrera y Alicia Sánchez-Camacho, con un resultado bastante igualado. Tengo que enterarme de lo que ha pasado, porque la cosa promete. Justo antes de irme, en el PP Ángel Acebes era sustituido por Maria Dolores de Cospedal. Parece que, tras los congresos de las principales formaciones políticas, las mujeres empezaban a tener mando en plaza. En el PSC tenemos congreso en menos de dos semanas: si yo fuera Pepe Zaragoza, ya estaría completando mi curriculum en Infojobs… Grin

Y hablando de Congresos, parece que el del PSOE fue divertido por lo que respecta a la delegación bloguera. Aún tengo que ponerme al día, pero parece que en el tema de la cibermilitancia todavía queda mucho camino por recorrer, quizá en el próximo congreso. La buena noticia es que los bloggers parece ser que tenían acreditación propia y diferenciada, en lugar de utilizar acreditaciones de prensa que levantaban ciertos recelos en el gremio, como en eventos anteriores. Me apena habérmelo perdido, pero mi luna de miel tiene prioridad, como es obvio.

Hoy me he puesto a hacer limpieza en el correo. Después de limpiar la bandeja de entrada de avisos de twitter y plurk, boletines diarios a los que me han suscrito sin mi permiso y algún mensaje de spam que se ha colado, creo que todavía quedan más de 50 mensajes sin leer. No quiero ni mirar el lector de feeds, porque seguro que está que echa humo. Mejor lo dejo por hoy, antes de que empiece a estresarme.

Quería subir algunas fotos de la boda a Flickr, pero en el CD que me han pasado los fotógrafos hay casi 1.300, y aún no he recibido las que han hecho familiares y amigos. Estoy haciendo pruebas con mi nuevo juguete, mi primera vídeocámara casera, una JVC con 30 gigas de disco duro con la que mi tío y padrino grabó la boda, y estoy sacando copias del vídeo como churros, en distintos formatos. Tengo pendiente pasar los mejores momentos a Youtube, y me han dicho que algo han twitteado Jose, Ariadna y Carlos, pero no he podido verlo todavía porque, para variar, twitter funciona como una escopeta de feria.

Tengo toda esta semana de vacaciones matrimoniales por delante, así que no espero ponerme al día por lo menos hasta mediados de la semana que viene como poco. Y no tengo mono en absoluto.

También te puede interesar:

Os lo advertí y no quisísteis creerme. Pues ha llegado el momento de la venganza: os voy a contar lo que nos explicaron en el cursillo prematrimonial. Si nunca has pasado por eso y tienes curiosidad, siéntate y lee, estás en tu casa.

Antes de entrar estaba nerviosa y algo asustada, porque si se les ocurre recomendarme que, como mujer, mi papel en el matrimonio consiste básicamente en servir a mi marido, y su receta se basa en la resignación cristiana, salgo de allí excomulgada por la vía directa.

Sin embargo, tengo que admitir que no fue una experiencia tan terrible como me imaginaba, incluso me sorprendió agradablemente en algunos aspectos que seguidamente os relataré.

Algo más de una hora de charla con un matrimonio bastante joven, muy pijos los dos (él, polo lacoste; ella, look a lo hippy-fashion con pendiente de Tous), que llevaban 16 años casados y tenían 2 hijas, la menor de 10 años. Aparte de pijos, no eran tan conservadores como yo me esperaba, y estaban más bien por la igualdad hombre-mujer, reparto equitativo de tareas en el hogar y en esa línea.

Incluso el cura, contra todo pronóstico, se pronunció a favor de la emancipación de la mujer, de la necesidad de llenar su vida con otras cosas que le resulten más satisfactorias para su autorealización personal que servir al hombre, y en contra de que el hombre sea tan completamente inútil en su quehacer diario que requiera de una mujer que le atienda hasta para lavarle la ropa o hacerle la comida. Y más sorprendente aún, a pesar de lo conservador que el párraco nos pareció cuando fuimos a verle la primera vez, en esta charla criticó el machismo de la Iglesia Católica, y el hecho de que la mujer en la Iglesia tenga un papel subordinado al hombre y tenga vetado el acceso al poder. Nos explicó que en los palacios cardenalicios, los obispos normalmente tienen monjas que les atienden, y dedican toda su vida a atender las necesidades rutinarias de esos hombres que no saben cuidarse solos: les lavan la ropa, les hacen la comida, les mantienen sus estancias limpias, etc. El cura de nuestro pueblo dijo no comprender cómo una existencia así puede llenar, ni a la mujer ni al hombre, y que el mero hecho de que se dé esta situación ya implica que algo no va bien. La verdad es que me sorprendió agradablemente su alegato.

Sin embargo, me dio la sensación de que todo era un discurso bastante precocinado “al gusto del consumidor”. Es decir, que no era auténtico sino más bien una pose, por cómo nos habían calado (sobre todo a mí) desde el primer momento. La mujer que nos dio el cursillo prematrimonial en algún momento se aceleró con que la culpa de que hoy en día se produzcan tantos divorcios la tiene la emancipación de la mujer, porque está muy envalentonada, ya no necesita al hombre para subsistir, puede valerse por sí misma, y en consecuencia aguanta mucho menos. Tuve que pararle los pies y decirle que cuando se rompe un matrimonio, la culpa generalmente es de los dos y no de una sola de las partes, y que no es sólo que la mujer sea hoy en día mucho más independiente, cosa que me parece positiva, sino que los hombres no han sabido encontrar su sitio y hacerse a la idea de que están teniendo que ceder cuotas de poder cada vez más grandes y cada vez más rápido. Mientras no se mentalicen de esa nueva situación y encuentren su lugar, cuanto más tiempo se empecinen en no querer renunciar a sus privilegios históricos, más les costará asumir que su pareja ya no es una persona dependiente sino que tiene que tratarla en plano de igualdad y más les costará hacerse a la idea de que hombres y mujeres somos iguales en dignidad, iguales en derechos e iguales en responsabilidades (la frase no es mía, es del cura…). Todos se mostraron de acuerdo conmigo (al menos, eso dijeron), y el cura admitió que no es fácil cambiar 20 siglos de dominación machista en una sola generación.

Por otro lado, ví removerse en su silla al cura cuando la mujer que nos estaba dando el cursillo se pronunció a favor del divorcio en casos de malos tratos, y también en aquéllas situaciones en las que la mujer viva tan completamente sometida a su marido que le resulte insufrible continuar viviendo así. Creo que no le hizo demasiada gracia, aunque tuvo el buen gusto de mantener la boca cerrada, porque se podía haber montado un buen cirio y si me toca mucho las narices igual pierde dos clientes hasta ahora cautivos. Hay cosas por las que no estoy dispuesta a pasar.

Por lo demás, la charla discurrió sobre un temario de tópicos de psicología de revista femenina.

  • La base de toda pareja está en la comunicación
  • Si tu pareja hace algo que te ha molestado, díselo y no te lo guardes para tí, que después la bola se hace cada vez más grande y es peor
  • Compartid aficiones que os interesen a los dos
  • No tengáis aficiones que puedan descomponer el ritmo de la pareja
  • Guardad un rato para vosotros, haced una escapada juntos de vez en cuando
  • Cuidad de la pareja, que los hijos llega un momento que se van de casa
  • Guardad cada uno vuestro propio espacio personal
  • Compartid las tareas del hogar

¿Se os ocurren más tópicos? Seguro que me dejo alguno.

Y, para finalizar, nos pasaron un cuento titulado “Amar sin ataduras” en la que una pareja de jóvenes indios (él, bravo guerrero; ella, HIJA DE el jefe de la tribu… ¿lo véis?) le pedía al hechicero que les hiciera un conjuro para permanecer siempre unidos. El hechicero les pide que traigan un halcón y un águila, las aten por las patas y las dejen sueltas. Las aves intentan volar, pero al estar atadas no lo consiguen, y empiezan a darse picotazos la una a la otra. La moraleja del cuento es evidente: no te cases. Pues a buenas horas me lo dicen

P.D. : Más de una hora de cursillo prematrimonial, y ni una palabra sobre sexo.

También te puede interesar:

Y me voy a volver loca de un momento a otro.

¿Alguna vez os habéis preguntado cuantas cosas se pueden torcer a última hora cuando estás preparando una boda? Hagamos un breve recuento:

1. Mi cuñi, que era quien se encarga de organizar la despedida de soltera, ha cortado con mi hermano. Se sigue encargando de la organización, y sé que a la despedida vendrá, pero a la boda no lo sé. En cualquier caso, es una situación bastante rara. Y mi hermano, claro, está bastante jodido.

2. Mi madre ha invitado por su cuenta y riesgo a la despedida de soltera a una impresentable a la que no tengo ningunas ganas de verle la cara.

3. Joan está histérico pensando en su despedida de soltero. No quiere tener despedida, dice que eso no va con él, y está acojonado perdido pensando en la que le pueden montar, y sobre todo en las putadas que le tendrán preparadas sus amigos.

4. La florista se niega a hacerme el ramo de novia como yo quiero, porque no le da la gana, simplemente. Se empeña en que no quedará bonito. Yo lo quiero de rosas blancas, y con las rosas abiertas, que no tengan forma de capullo cerrado sino que se las vea bien. Y la borde de la florista dice que parecerá que están pansidas y que no quedará bonito. ¿Acaso estas flores parece que estén pansidas? No, y a mí me gustan así. Pero a ella no, y dice que si no le gusta cómo queda, no me las va a poner. ¡Pues vaya! Puedo aceptar que me diga qué tipo de flor aguantará más o menos, en el coche, en el portal, o donde sea, pero críticas estéticas no acepto. Además, quería ponerle a Joan en el ojal una rosa roja o una orquídea rosa (con todos mis respetos, el efecto quedaría demasiado gay para mi gusto) para diferenciarlo del resto de hombres de la familia. No me da la gana, mi novio no va a llevar una orquídea rosa en el ojal; y mi padre, mi hermano y mi abuelo tampoco. Bueno, pues a la florista no le hizo gracia. Ya veremos cómo sale la cosa, porque es amiga de mi suegra, y ya me ha estado enviado indirectas, como que tengo a la pobre florista preocupadísima por el tamaño de las rosas de mi ramo. En fin, ya veremos.

5. Además, está el tema de que yo quería partir el ramo y darle la mitad a cada cuñada. Ahora ya no puedo porque solo tengo una cuñada, y ya le he encargado a la florista que me lo monte en dos partes y cogido por un clip para poder separarlo. Si al final viene Mari Carmen, como le había prometido una rosa del ramo, igual le doy la sorpresa de darle la mitad, porque ahora me da palo dárselo a mi ex-cuñi, aunque ya se lo había prometido, y seguro que se lleva un chasco (eso, suponiendo que venga a la boda…). ¡Ay, qué mal rollo, no sé qué hacer!

6. La música del restaurante: tenía previsto enviar hoy por fax el documento con la música de cada momento especial, y la que queremos que suene durante el baile, pero ¡no lo encuentro! Suerte que aún tengo un par de días de margen, pero ese documento tiene que aparecer como sea.

7. La organización de las mesas es como hacer el cubo de Rubik, y mi suegra todavía no me ha confirmado a más de la mitad de los invitados. Lo peor es que voy a tener que pillarla por banda en un par de semanas máximo, porque la veo muy dispuesta a esperar hasta el último momento, y no tengo ganas de ir con nervios y con prisas a última hora.

8. El viaje de novios lo hemos contratado en la agencia de viajes para la que trabaja Joan, pero aún no está pagado porque se encarga su madre de eso. Ya tenemos el pasaporte y el DNI electrónico, pero el viaje propiamente dicho está bastante en el aire. Digamos que hay bastante mal rollo en el trabajo, no está muy claro que no los mande a la mierda antes de la boda, y tal y como está el patio es probable que nos hagan LA PUTADA de anular el viaje, si se ponen en plan cabrón (cosa que no me extrañaría lo más mínimo). Así que, a un mes de la boda, estamos buscando otra agencia de viajes. Genial, como os podéis imaginar.

9. Nos llamaron para hacer el cursillo prematrimonial hace unas tres semanas, pero no pudimos concretar cita con la pareja de acogida que nos tocó, y aún no nos han vuelto a llamar. Se nos echa el tiempo encima, y hasta que no hayamos pasado por este trámite el cura de nuestro pueblo se niega a darnos el expediente para que nos podamos casar en la iglesia que nosotros hemos elegido y donde ya tenemos fecha.

10. Mis uñas están hechas una pena. Estoy probando el método Maripuchi para dejar de morderme las uñas, que consiste en pintármelas de colores cantosos para que me dé cosa mordérmelas y las deje en paz durante un mes. Parece que funciona, al menos esta semana está funcionando, veremos si aguanto lo que me queda hasta la boda. Aún así, me parece que un mes es un plazo demasiado corto para que mis uñas se regeneren y mis dedos tengan un aspecto aceptable. En cualquier caso, tendré que hacerme la manicura unos días antes.

11. Mi peluquera es imbécil. Cuando tuve la última prueba del vestido, fui el día de antes a la peluquería, para hacer la prueba del peinado. Le recalqué que quería que el peinado me durara hasta el día siguiente, que ya me las ingeniaría yo para que se mantuviera por la noche, pero que tenía al día siguiente la prueba del vestido y quería verme con el peinado. Le llevé hasta el tocado para que pudiera hacerme la prueba con todos los complementos. ¿Y qué hizo la tipa? Me alisó el pelo, me hizo unas ondas con las tenacillas, no me puso ni laca ni nada, ¡y me cogió una coleta! Me dijo que más o menos así es como me vería. Pero, a ver, ¿no te he dicho que quiero que me hagas un peinado semi-recogido, que me dure hasta el día siguiente? ¿PUES-QUÉ-COÑO-ES-ESTO? Estoy planteándome seriamente cambiar de peluquera, necesito una que venga a casa bien temprano y que nos peine y maquille a mi madre y a mí. De momento he encontrado esta donde parece que son especialistas, pero a ver lo que cobran por el desplazamiento, porque están en Barcelona, y la sección de maquillaje no me convence lo más mínimo. Buscaré también en Sabadell y en Castellar, porque este viernes tengo la prueba con el vestido y se me echa el tiempo encima. Además, tengo que teñirme el pelo, y de esta tía no me fío.

12. Necesito unas bailarinas blancas como repuesto de emergencia por si los zapatos me matan el día de la boda porque tienen bastante tacón, pero no las encuentro por ningún lado.

13. Y, para colmo de males, no deja de llover. Sí, ya sé que hace mucha falta, pero se ha pasado todo el finde lloviendo, y me temo que el viernes, cuando tengo la prueba del vestido y del peinado, llueva también. Mi idea original era ponerme los zapatos durante todo el día, para ir haciéndome a ellos y que no me hicieran daño el día de la boda (o que me hicieran lo mínimo posible), pero si no deja de llover no va a poder ser (no sea que mis fantásticos zapatos de novia acaben en un charco), y ya veremos qué ocurre con el peinado, porque si también llueve ese día llegaré a Pronovias hecha una piltrafa.

No sé si queda algo más que pueda salir mal. Lo que sé es que quedan 33 días para la boda, y la lista de cosas que tengo bajo control es bastante más corta.

Así que is preguntáis porqué llevo varios días sin escribir, y por qué no me estoy regodeando como tod@s l@s bloguer@s socialistas en la crisis del PP, es porque yo también estoy inmersa en mi propia crisis particular.

También te puede interesar:

Leer un contrato antes de firmarlo   9 de Mayo de 2008

¿Cuántas veces habrás oído que no hay que firmar un contrato sin haberlo leído antes, y que hay que leer siempre la letra pequeña? Digo yo que la condición mínima sine-qua-non es, al menos, que el contrato en cuestión esté redactado en un idioma que entiendas.

Bueno, pues la Iglesia Católica presenta a las partes contratantes un modelo de contrato con validez civil, sin posibilidad de cancelación, con una duración que se alarga durante toda la vida de los contrantes y con una serie de obligaciones… en un idioma que los firmantes no entienden. El modelo de contrato matrimonial de la Iglesia católica está redactado únicamente en latín.

Cuando el cura nos enseñó el modelo de contrato que tendremos que firmar el día de la boda, le pedí que nos explicara el motivo por el cual está redactado _solo_ en latín. Nos dijo que es porque es el idioma oficial del Vaticano, y que al estar redactado en ese idioma, el “papel” puede viajar a cualquier iglesia de cualquier Estado. No me quedo muy convencida con la explicación: nada impide que el documento esté traducido también al idioma local, y considero que eso lo dotaría de garantías jurídicas para los contrayentes, que no tendrían que firmar un documento que les implica de por vida sin saber lo que están firmando, más que fiándose de la buena voluntad de la Iglesia (algo que, a estas alturas, no constituye una garantía, precisamente).

Estoy considerando seriamente la posibilidad de solicitar al cura de la Iglesia en la que me caso una copia del modelo de contrato redactado en al menos uno de los idiomas oficiales de mi comunidad autónoma, no me importa cual, pero creo que estoy en mi derecho de saber qué es lo que estoy firmando, y qué obligaciones comporta la firma de ese contrato, más aún cuando no hay posibilidad de deshacerlo (salvo si tienes pasta y te apetezca reclamar la nulidad, cosa que tampoco viene al caso en este momento).

¿Tú firmarías un contrato que te implica de por vida y sin posibilidad de cancelación, sin saber lo que estás firmando? Yo, desde luego, no. Y no entiendo cómo se le permite a la Iglesia actuar así.

También te puede interesar:

Invitaciones de boda digitales   27 de Marzo de 2008

Estos días estoy algo descentrada, y le doy poco al politiqueo. Las vacaciones intermitentes de post-Semana Santa me están dejando la neurona para el arrastre, y eso se tiene que notar, así que no desesperéis, adictos míos, que os daré vuestra dosis en cuanto me recupere.

Mientras tanto, dale caña al monotema: ¡Ya tengo la invitación de la boda en formato digital! El martes nos hicimos las fotos que íbamos a utilizar para hacer las invitaciones y esta mañana he estado en el estudio, incordiando a la chica que controlaba el Potochop para que quedaran como yo quería (un poco más arriba, un poco más a la izquierda, aquí va una coma, ahí un símbolo de exclamación, esto me lo pones en otra línea y eso de ahí me lo separas un poco que queda muy junto), y enviándole a Joan con el móvil las fotos de como iba quedando el invento, para que pudiera aportar su opinión. Cuando acabamos, le envié por e-mail el resultado y me confirmó que le encantaba como había quedado, así que ¡adelante con ello!

Ahora falta que la imprenta me las prepare en papel, probablemente estarán listas para la semana que viene, pero ya me puedo hacer una idea de como quedarán, imprimir algunas pruebas para enseñárselas a mi madre y mi abuela (que están deseando verlas), y empezar a enviar las primeras invitaciones por e-mail.

Estoy muy contenta, porque creo que han quedado muy bonitas, originales y divertidas. Al menos, de entre todas las que he visto (y son unas cuantas), no he encontrado ninguna que se parezca a la nuestra. Quizá es el estilo de los fotógrafos que he visto, que me han enseñado lo más “elegante” (lo que han considerado que era lo más elegante) que han hecho, pero las que he visto me han parecido todas bastante sositas, incluso tristonas.

La verdad es que he tenido que vencer la resistencia de la fotógrafa, que quería hacer toda la invitación en blanco y negro y blanca en el interior, solo con el texto; mientras que yo quería algo más alegre y colorido, que por algo hicimos las fotos en la piscina, con el verde del césped, el azul del agua y un sol brillante que le daba a las fotos un resalte espectacular, como para matarlo todo poniendo las fotos en blanco y negro. No, yo quería algo más alegre. Ella me ha puesto cara de “¡menuda horterada!” pero yo estoy encantada con el resultado (como siempre, clickando encima las veréis ampliadas, y si clickáis aquí podréis verlas en modo presentación).

exterior delantera

interior

exterior trasera

Una cosa más que tachar de la lista de cosas pendientes. Se acerca el día y cada vez son más cosas las que tenemos que ir cerrando, se me acumulan citas en la agenda relacionadas con el monotema, y el nivel de estress aumenta por momentos.

A diox pongo por testigo que sobreviviré a esta boda, cueste lo que cueste.

También te puede interesar:

bubinots_tumbados_sobre_tartaTengo una duda importante: me caso por la Iglesia el 28 de junio de este año, es decir, dentro de poco más de 3 meses, y no sé si después de haber pasado por el altar me estará permitido apostatar o no.

Sí, ya sé lo que me váis a preguntar: si quieres apostatar, ¿por qué cxxo te casas por la iglesia? De hecho, Mireia fue la primera en decirme que eso es perpetuar una instituación en la que no crees y que además es altamente perjudicial para la independencia de la mujer, y lo tengo muy presente.

Pero casarse es cosa de dos, como todo en pareja, y en ocasiones cede una parte y en ocasiones cede la otra, y en otras ceden ambos para llegar a un punto intermedio. Sobre la boda, él no contemplaba otra alternativa que por la Iglesia (supongo que porque asociaba casarse por lo civil a hacerlo en un despacho gris del ayuntamiento o del registro civil, y en eso tiene razón, a mí tampoco me hace gracia, pero ¿y en el jardín del restaurante, al aire libre? eso ya es otra cosa…Wink, y tengo que admitir que a mí toda la parafernalia del asunto me hace gracia, así que ¿por qué no? La verdad es que me lo estoy tomando con mucho humor, no consigo disociarlo de la preparación de un carnaval o una gran fiesta, y me lo estoy pasando bomba.

Pero las consecuencias que tendrá esto para los que viven del negocio de la fé me preocupan. Consolarme pensando que un grano no hace granero no oculta la profunda incoherencia de lo que voy a hacer, partiendo ya de la base de lo asimétrico de los planteamientos de ambas partes: para el cura que me casa, es una muestra de mi fe que le permitirá engordar el censo de cristianos católicos del que pervive la idea de que la religión católica es la más numerosa en España; para mí, es una especie de carnaval, una fiesta con una parafernalia curiosa, y también un convencionalismo social y una forma de darle una alegría a mi madre, que se emocionó al verme vestida de blanco por primera vez.

novios_angel-demoniaMe cabrea que se aprovechen de mí para obtener beneficios, que presupongan por qué hago algo (vale, sí, ya lo sé, no es excusa), así que estoy planteándome dejar claro que NO comulgo con la Iglesia católica y sus postulados reaccionarios, apostatando. Pero, eso sí, después de la boda, para poder darles el capricho a mi novio, a mi familia y a la suya. ¿Incoherente? En parte sí, para ser coherente conmigo misma no debería prestarme a ese juego y directamente decir que NO, que no me caso por la Iglesia porque me parece una institución retrógrada que discrimina y humilla a la mujer (y ya veremos cuando nos toque pasar por el cursillo prematrimonial…Wink. Pero como dije más arriba, la pareja es cosa de dos, y en ocasiones toca que ceder, y ser razonablemente coherente. A ver cómo me las apaño para cuadrar ambas cosas.

También te puede interesar:

No soy muy dada a hablar de cotilleos y prensa rosa, pero como esto me afecta directamente (me perdonaréis la boutade), y como Alibaimor se ha tirado a la piscina (ella es más dada a comentar estas cosas), pues no voy a ser menos, ahora que estamos todos un poco más relajados y encima es domingo. Que se fastidie la Esteban si no puede tener su vestido de novia, por petarda, y por querer robarme protagonismo. Ala, ya lo he dicho.

belenestebanblor A mí la Esteban nunca me ha caído especialmente mal (ni bien tampoco), pero se la tengo sentenciada desde que decidió casarse un día antes que yo para robarme protagonismo (que lo sé yo).

Ahora resulta que Pronovias (casuaaaaaalmente la misma tienda donde yo elegí mi vestido de novia hace más de 5 meses) ha tenido que pedir perdón por no hacerle el vestido que la Princesa del pueblo (según Ana Rosa, muy monárquica ella) había comprado en la colección Prèt a Porter de esta casa de vestidos de novia, y parece ser que ya había dado hasta paga y señal. Por lo visto, le cogieron el pedido como si de una clienta más se tratara, pero en la central, al darse cuenta de la repercusión que tendría la cosa, han decidido dar marcha atrás.

Y oye, que me podréis decir que soy mala gente, pero no me da ninguna pena. Que se lo hubiera mirado con más tiempo, como hacemos todas. A las princesas de pueblo republicanas nos piden un mínimo de 6 meses de antelación para poder garantizar que tendremos nuestro vestido de novia para la fecha señalada y en condiciones óptimas, y la Esteban, la Princesa del Pueblo (ja!), pretende que a ella se lo hagan en menos de 3 meses. Yo me caso el 28 de junio, y Belén Esteban se casa el 27 (mala perra). Yo tengo mi vestido elegido, probado y reservado desde principios de noviembre (porque era la manera de garantizarme que lo tendrían a tiempo), pero llevaba mirando modelos desde septiembre; pero esta señorita, que dice que es muy del pueblo llano, pretende saltarse los condiciones para lo que le interesa y que se lo hagan en la mitad de tiempo. Pues no señor, si no se lo tienen listo, que para lo que nos interesa somos muy de barrio pero para lo que nos interesa somos Bery Importan Pipol, no me pidan que la compadezca. Que se pague un diseñador que se lo haga a ella en el tiempo que pide, nos ha fastidiao mayo con las flores.

belenesteban Que esa es otra. Como dijo Mariliendre, imagínate tú los comentarios de las que se casen después que esta chica (mismamente, yo, por ejemplo, que me caso al día siguiente), que hayan elegido el mismo vestido, que las colecciones Prèt a Porter es lo que tienen: tú eliges el modelo y ellos te lo hacen a medida, unos arreglillos para personalizarlo si quieres, y punto pelota. Imagínate que días o semanas antes de tu boda, sale la Esteban en toooodas las revistas de cotilleos y en todos los programas del corazón de la tele, con el mismo vestido que has elegido tú (y ya no hay tiempo de dar marcha atrás). Te cagas en todo lo cagable, vamos. Y los comentarios de las marujas invitadas a la boda, más de lo mismo: que si eres una choni, que si vas como la Esteban, que si qué poco gusto… No me lo quiero ni imaginar, vamos.

En fin, que la choni -celebrity se haga su vestido para ella sola, y nos deje a las princesas de barrio ser reinas por un día, y si no que lo hubiera organizado con más tiempo, que seguro que lo hace deprisa y corriendo porque se casa preñá.

También te puede interesar: